Categoría: terapia

Control

¿Por qué se apagó la lámpara?

La protegí del viento con mi manto; por ello la lámpara se apagó.

¿Por qué se mustió la flor?

La estreché, inquieto y amoroso, contra mi corazón; por ello se mustió la flor.

¿Por qué se secó el río?

Construí un dique para que el agua sólo me sirviera a mí; por ello el río se secó.

¿Por qué se rompió la cuerda del arpa?

Quise dar una nota demasiado alta; por ello la cuerda del arpa se rompió.

 

-Rabindranath Tagore-

 

Quizá este poema del libro de Rabindranath Tagore «El Jardinero», tenga una lectura más radiante o esté escrito con otra intención pero me ha llevado a pensar,  cómo cuando a través de nuestros comportamientos sobreprotectores, celosos y exigentes que nos decimos que hacemos desde el amor, estamos intentando controlar al otro para protegernos  de nuestras propias inseguridades  y angustias. Llevándonos, sin quererlo, a romper y secar a esos otros que decimos amar.

Nuestras parejas, amigas, amigos, hijas, hijos, seres queridos, no pueden ser nuestros calmantes, no deben serlo. En ese caso nos quedaremos sin ellos porque acabaremos perdiendo su esencia y alegría y apagaremos la relación.

Es cierto que sentimos que necesitamos imperiosamente que el otro nos calme porque hay algo que nos duele profundamente; si esa otra persona nos lo puede ofrecer libremente porque nos (re)conoce, nos quiere y sabe de nuestras dificultades tanto mejor, pero sería importante que trabajáramos en nosotrxs mismos a través de una terapia, para no tener que exigir, que controlar, que sofocar. Tal vez y mientras vayamos sanando a través del proceso terapéutico, podamos intentar hacer peticiones menos exigentes y agresivas, menos controladoras en resumen. Y si a pesar de todo, aquel otro se nos hace tan insoportable,  podemos dejar la relación.

El otro tiene una existencia propia, no es un objeto que me tiene que dar lo que yo necesito. Como le amo me permito que sea lo que tenga que ser, no está a mi servicio. Probablemente no seamos conscientes de ello porque si lo fuéramos nos dolería enormemente lo que estamos en gran parte provocando, pero el control interpersonal sólo reseca al otro mientras está a mi lado que seguro que es lo que no quiero.

Cuando logre ayudarme a través de una buena/ buen profesional, veré que puedo tolerar e incluso aceptar que el otro no cubra mis necesidades ni mis carencias. Y probablemente el amor que logre sea más  verdadero.

 

 

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Corrientes psicológicas (II)

TIPOS DE TERAPIA
familia
En el anterior post traté de las terapias más corrientes en psicología. Las resumí en corrientes más racionalistas (donde se usa fundamentalmente el intelecto o los procesos cognitivos) y las terapias más emocionales o trascendentales, en donde se usan perspectivas más intuitivas, escucha del cuerpo, etc. Dentro de las primeras,identifiqué el cognitivo-conductualismo y el psicoanálisis. Éste último derivó en la psicología psicodinámica que abarca a muchos autores y escuelas, y de ella deriva la escuela de los intersubjetivistas, de la que hablaré hoy, fundamentalmente ésta estaría, a mi parecer, en un apartado diferente, en otro lugar usando ambos  la razón y la emoción; trabajando la cognición pero a través de la relación con el terapeuta y en donde se analizarían los sentimientos que le provoca a él el paciente.
De nuevo, quiero recordar que esta clasificación es una necesaria simplificación de un universo extremadamente complejo y diverso como es el de la Psicología. Me dejo muchos modelos de lado, que espero poder ir identificando en un futuro, además los profesionales de las diferentes áreas pueden no sentirse identificados ni compartir esta clasificación. No obstante, mi objetivo es que sepamos grosso modo qué tipo de terapia podría irnos mejor en nuestro camino terapéutico.

Así tenemos:

TERAPIAS RACIONALES

(Trabajan en los procesos conscientes o inconscientes a través de la interpretación y/o modificación de pensamiento)

A) COGNITIVO-CONDUCTUALES
B) PSICOANALISIS que derivó en PSICODINÁMICOS

TERAPIAS EMOCIONALES

A) HUMANISTAS: Gestalt, Psicodrama, Bioenergética, Logoterapia, junguianos, psicología trascendental, EFT o terapias centradas en la emoción.

 

TERAPIAS BASADAS EN LA RELACIÓN:

(Su foco se centra en la relación que se construye con el paciente, analizan tanto pensamiento como sentimiento en el seno de esta relación, particular y coconstruida)

LOS INTERSUBJETIVISTAS o también llamados terapeutas relacionales.

Los intersubjetivistas incorporan el paradigma que ya va imperando a mediados del siglo XX. No existe un observador objetivo de un objeto, sino que el observador observa con su propia predisposición que influye necesariamente en el objeto observado, así no existe realmente «un objeto objetivo» valga el juego de palabras, sino que el objeto cambia conforme entra en interacción con el observador. Así, si sustituimos observador por terapeuta, y perdonadme la osadía, pero objeto por sujeto en tratamiento, obtenemos que las respuestas que da la persona, deben ser analizadas como respuestas ante un terapeuta concreto, cuyas respuestas también estarán influidas por el sujeto. Así se establece una relación particular. Pues bien, es esa relación la que va siendo analizada en el tratamiento.
La escuela intersubjetivista tiene algunos autores paradigmáticos como Mitchel, Stolorow, Attwood. En Madrid, la escuela principal que sigue esta perspectiva es Ágora Relacional.
Los terapeutas intersubjetivistas, hacen pues mucho hincapié en la relación con ellos, cómo les afecta a ellos lo que va contando el analizado. Este aspecto es interesante para gente cuyas relaciones personales son muy disfuncionales, no entienden su relación con el entorno, no saben qué es lo provoca que sus vínculos o relaciones con el otro no sean satisfactorios. También permite incorporar una visión más global, en donde somos sujetos con necesidades propias, pero también podemos integrar las necesidades ajenas, y por tanto, se nos permite una visión algo menos autocentrada y universal que relativiza las explicaciones simples tipo «nadie me quiere, por eso me va mal» por ejemplo.

 Daniel Stern y la Boston Study Group

A través del estudio de los niños y sus relaciones tempranas antes de la aparición del lenguaje, Stern infiere una teoría basada en el conocimiento relacional implícito. Según este autor la unidad de observación clínica y de transformación terapéutica no es el individuo sino la relación. Pone  el acento en los «momentos presentes» o «now moments», que serían los puntos clave en el progreso terapéutico. Los momentos presente son vívidos sentimientos de experiencias intersubjetivas compartidas entre analista y paciente.

Stern se preguntaba cuáles serían los mundos interpersonales creados por el infante,  ya que son las relaciones interiorizadas en la memoria implícita (no consciente) las que influyen en cómo se relaciona el sujeto con los demás.

El «método» para su práctica clínica consiste en no hacer «traducciones de sentimientos» del paciente, ni interpretaciones, sino que el analista trata de estar atento a esos momentos-presentes analizando el impacto que tienen en el paciente o ver de qué manera se pueden generar, para fomentar el progreso terapéutico. Asimismo se analizan los cambios emocionales en el mismo discurso.

Este método parece interesante para personas que lógicamente se preguntan por la validez de las interpretaciones del terapeuta y personas con dificultades de relación con figuras parentales.

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Corrientes psicológicas (I)

Hoy os voy a indicar algunas de las corrientes psicológicas más comunes que podemos encontrar en el amplio abanico de la psicoterapia o de la psicología clínica. Si bien se han detectado aproximadamente unas tres mil diferentes, sólo haré mención a las más conocidas y practicadas.

Esta clasificación en base a criterios racionalistas/emocionales obedece a mi propia organización, están extraídos de mi experiencia y de mi formación. Otros psicólogos pueden no compartirlos. Sin duda se trata de una simplificación que obedece más a criterios didácticos, ya que a algunas personas les pueden ser de utilidad otras terapias más allá de las que aquí se mencionan o de las que menciono como más adecuadas para ellas.

Por último, hoy en día, las corrientes psicoterapéuticas tienden a integrarse, cuando no a complementarse y a recoger de las demás lo que es más beneficioso para el paciente en función de si mismo y no tanto de la técnica.

Al ser cada uno de nosotros diferentes y tener unas características y no otras, las ayudas que busquemos y que sean útiles para nosotros, serán también diferentes.

A grosso modo, podemos distinguir las terapias más racionalistas, que usan el aprendizaje o la palabra y priman el cerebro consciente o inconsciente frente al cuerpo, éstas serían:
El cognitivo-conductualismo
El psicoanálisis, los psicodinámicos y los intersubjetivistas, en mucha menor medida
 

TERAPIAS RACIONALISTAS

Tanto los cognitivo-conductuales como los psicoanalistas tienen un gran bagaje cientificista, basado en la observación, la descripción y en el caso del cognitivo-conductualismo, la experimentación en laboratorio y en base a criterios estadísticos .

COGNITIVO-CONDUCTUALISMO:

Es una  corriente basada en la conjunción del conductualismo y del cognitivismo: El Conductualismo nos indica que los problemas psicopatológicos son conductas desadaptativas fruto de un aprendizaje a través de la biografía del individuo, y que está condicionado a determinados estímulos. Su método se basa en  adquirir nuevos aprendizajes no desadaptativos.
El cognitivismo: Los modelos cognitivos se basan en el estudio de los procesos mentales.
Los modelos cognitivos trabajan con las llamadas experiencias inusuales, es decir las que no tienen el resto de sujetos en condiciones parecidas. Interesa observar tanto la forma en la que se elaboran estos procesos mentales (toma de decisiones, recuerdos, juicios…), como sus contenidos, todo ello a través de la evidencia.

De la unión de ambas surge el cognitivo-conductualismo, corriente que ha sido ampliamente aplicada en España en las últimas décadas, enseñada en Universidades como la Universidad Complutense y es el enfoque que adoptan algunos colegios de profesionales de la psicología. Es eficaz para eliminar fobias simples, o en marcos de terapia grupal para conductas adictivas y de trastornos alimenticios. Un ejemplo paradigmático de este tipo de terapia, serían los autorregistros, la desensibilización sistemática, la inundación…
La ventaja de este enfoque es que efectivamente se percató de que las conductas inadaptadas podían volver a adaptarse o a aprenderse. Esto es muy importante, dado que no estamos condicionados ni predeterminados a nuestras maneras de comportarnos. La desventaja fundamental es que deja de lado «todo lo humano» y por tanto lo simbólico que también influye en lo emocional, así pues dejaría de lado el sentido de la experiencia subjetiva, la relación con el terapeuta, el cuerpo y la manifestación del malestar a través de él o el inconsciente.

PSICOANÁLISIS:

El psicoanálisis ha sido una corriente muy controvertida en nuestro país. Numerosos psicoanalistas españoles debieron emigrar a otros países durante el régimen franquista. Curiosamente, fue en España donde se publicó por primera vez una obra de Freud.
El psicoanálisis se basa en la revisión de la biografía del individuo, más que en su sintomatología. Según esta corriente, los síntomas son conflictos inconscientes que pugnan por emerger a la conciencia. El método psicoanalítico consiste, esencialmente en evidenciar la significación inconsciente de las palabras, actos, producciones imaginarias (sueños, fantasías, delirios) de un individuo, en el marco de su biografía que es desde donde estos conflictos se producen. Un principio fundamental del psicoanálisis es la neutralidad, el terapeuta no debe dirigir la cura, no juzgar, ni reacomodar los síntomas a lo moralmente aceptable por la sociedad, tampoco aconseja. Otra de las peculiaridades del psicoanálisis es la abstinencia del terapeuta, que no debe realizar aquellas necesidades que el paciente desea que éste cumpla como sería por ejemplo hacer una valoración positiva cuando el paciente la necesita, porque los impulsos neuróticos no entrarían en la vía de la cura psicoanalítica, sino en una nueva conducta sustitutiva.
El ejemplo más paradigmático de una terapia psicoanalítica ortodoxa sería la imagen de un paciente tumbado en un diván y un terapeuta no interventor que practica fundamentalmente la escucha.
Esta corriente, de extenso corpus teórico, ha conducido a la generación de numerosas escuelas de “psicología profunda” o de corrientes psicodinámicas, incluso ha influido notoriamente en las corrientes humanistas.
El psicoanálisis ha resultado de mucha utilidad en el tratamiento de pacientes con tendencias paranoides, pacientes grandiosos (los que se lo tienen «muy creído» en lo evidente, no así en lo profundo), pacientes con muy bajo nivel de introspección y capacidad de simbolización como los pacientes actuadores, pacientes que sufren de ansiedad generalizada, personas cuyas relaciones parentales han sido especialmente conflictivas… En general, suele aumentar el sentido de la autoconsciencia y por ende, mejora las relaciones interpersonales se toma consciencia de nuestros mecanismos de defensa para no conectar con el malestar emocional. Aunque el psicoanálisis ortodoxo no es muy indicado para pacientes con trastornos del apego (del vínculo) y narcisistas por déficit (con baja autoestima), estos tipos de pacientes, recibirán más ayuda con el psicoanálisis no ortodoxo, Winnicott, o los psicodinámicos de la psicología del self: Kohut.

Actualmente, el psicoanálisis puro u ortodoxo es menos practicado, siendo sustituido por las corrientes más integrativas, los psicodinámicos y derivado de ellos, los intersubjetivistas, en donde puede haber o no diván y donde el terapeuta interviene de una manera más activa y más relacional, absteniéndose menos y dejando emerger más su «persona» que se considera que influye y está influida por el paciente, pero ya hablaré de ellas en el segundo post: (Corrientes Psicológicas II)

TERAPIAS «EMOCIONALES»

HUMANISMO:

El Humanismo no tiene vocación de producción teórica. Fundamentalmente ha bebido del psicoanálisis pero para separarse de él. El Humanismo aúna los pensamientos filosóficos de autores como Sócrates, Kierkegaard, los existencialistas y el pensamiento humanista de la postmodernidad. Se pone el acento en la libertad de decisión, la búsqueda de sentido, la experiencia inmediata y la personalidad como un proceso en desarrollo. A través de las corrientes humanistas se pretende lograr la autorrealización del ser humano, que es intrínseca a su naturaleza, confiando en la forma en que las cosas ocurren, se evita que las personas se controlen o controlen el entorno. Se hace énfasis en los aspectos positivos y únicos de cada persona, fomentando la creatividad y el juego. Se pretende aumentar la autoconciencia, trascendiendo el «ego», o aquéllo con lo que nos identificamos que somos, pero que no somos únicamente.  Cultivo de lo emocional, lo intuitivo, lo contemplativo. Unión de la mente y el cuerpo, tradicionalmente escindidos, porque el cuerpo es una fuente válida de mensajes de nuestros deseos, carencias; lo que somos, hacemos y sentimos. Y valoración y reconocimiento el «otro» en cuanto tal.

Algunos ejemplos de terapias humanistas serían: La psicología gestáltica, el psicodrama, la terapia bioenergética, los rogerianos (por Carl Rogers), la logoterapia (Victor Frankl)…en ellas se hace énfasis en el sentir, en la empatía, en la lectura de los mensajes del cuerpo y en el reconocimiento del otro. El ser humano se contempla como una caja de resonancia emocional que puede ayudar al otro, estando implicado con él. Estas terapias son útiles para incrementar la empatía, sobretodo hacia uno mismo, eliminando el autojuicio y en el marco de las terapias grupales, incrementa el sentido de universalidad, de no estar solo con sus problemas. También se trabaja mucho con el juego y la creatividad. El ser humano tiende a la autoactualización natural y por tanto, a la mejora natural, digamos que está menos centrada en la parte enferma del ser, y mucho más en la potencia, en la posibilidad de ser. La logoterapia, o terapia del sentido, resulta eficaz en padeceres crónicos (depresiones, enfermedades crónicas, etc), o de mayor dificultad de superación, como el trastorno límite de personalidad.

Dentro de las corrientes humanistas, dada su popularidad, haré especial mención al Coaching, que reúne algunas de las ideas más importantes de estas terapias para fundamentalmente encaminar al cliente al logro de resultados. El coaching, no es necesariamente practicado por psicólogos, puesto que en principio su enfoque no es «tratar trastornos». En el coaching no importa el por qué sino el cómo lograr los objetivos deseados (y ayudar a reconocerlos), desde una posición metodológica en donde el coach no influencia a través de su opinión, su diagnóstico o mucho menos su juicio, sino que ayuda al cliente a lograr sus respuestas a través del método socrático de hacer preguntas. El coaching se diferencia del mentoring, de la consultoría y de la terapia, de esta última, fundamentalmente en que en el coaching los procesos sobre los que se trabaja son conscientes para el cliente. No se revela ni se trabaja sobre el inconsciente. El método del coaching es útil para aquellas personas que se encuentran de antemano en una posición de responsabilidad ante su cambio, pues van a ser las que lo lideren, pero aquellas otras que por sus circunstancias actuales necesiten más apoyo, consuelo o que estén en un momento más depresivo, quizá deben pasar previamente por un proceso terapéutico.

 

 

Caminos

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Análisis terminable (o interminable)

La terapia es como un proceso de producción artesanal: laboriosa, delicada, centrada específicamente en el paciente y con un ritmo singular, que es el ritmo del paciente, pero siempre en el marco del setting psicoterapéutico, esto es, de las sesiones marcadas por el modelo junto a las necesidades de lo que el profesional entiende para el paciente.

El título de este post parafrasea, con alguna licencia, el epígrafe de Freud llamado “análisis terminable e interminable” (1914); en él se interrogaba si el inconsciente (objetivo mayor del análisis en aquella época), habría resurgido por completo al término del mismo o quedarían todavía algunos residuos por analizar.
El caso es que sea como fuere, cuando uno comienza la psicoterapia, en un plazo relativamente corto de tiempo percibe cambios. Lo que sucede es que suelen ser cambios menos nucleares de nuestro yo.

El psicoterapeuta intenta como uno de sus objetivos primordiales, que la persona logre crear actuaciones diferentes en su ambiente que le puedan aportar nuevas memorias que compitan con memorias dañinas. Sin embargo, llegamos a un punto del proceso analítico en donde aparece el estancamiento, o la sensación de que el avance es mucho menor. Ésta es una de las trabas importantes de la terapia. UNA PUESTA A PRUEBA de nosotros: terapeutas y pacientes. Aquí hemos dado posiblemente con un muro maestro, un aspecto nuclear del conflicto personal. En este punto, nadie puede decir cuánto se tardará en “hacer la obra de ese muro”, es decir, de desmenuzar ese potente conflicto instigador de la neurosis o del malestar. Aquí es cuando se hacen fundamentales dos cosas: por parte del terapeuta el haber sido capaces de crear una buena alianza de trabajo con el paciente, y por parte de ambos, tener confianza en la recuperación.

El terapeuta, si no es un ejecutor maquinal de la terapia, puede creer y esforzarse por el paciente, pero ADEMÁS EL PACIENTE debe REALIZAR UN ESFUERZO. El esfuerzo consiste en la perseverancia, en acudir a las sesiones a las que se le cita. Esto es así porque es importante trabajar para la reformulación de nuestros núcleos más duros. Una sesión semanal, que por término general es lo que se suele dar, no es en proporción mucho. Pensemos que un día tiene veinticuatro horas y una semana unas cuantas más. Dedicarle una hora a la semana al proceso de recuperación, es necesario y no suficiente. Y habrá que hacerlo durante el tiempo que uno necesite. Ésta es la única manera hoy por hoy, de lograr la transformación profunda y el bienestar. En un futuro, quién sabe si no se inventará algún elemento más rápido y eficaz, tipo intervención quirúrgica o farmacológica. Pero hoy en día, esto no existe o no es eficiente (terapia farmacológica únicamente).

Sería interesante si uno con honestidad se pudiera preguntar: ¿estoy dispuesto a hacer un esfuerzo? ¿a perseverar en el tratamiento, dure lo que dure? La duración del tratamiento estará en función de que se asista o no al mismo y de que el paciente pueda integrar lo que va sucediendo en ella.

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¿Todo es culpa de los padres?

Es muy parodiada y conocida la explicación que popularmente se dice que dan siempre los psicólogos a cualquier problema: “es culpa de los padres”, tanto es así que algunos pacientes ya acuden a terapia diciendo que sus padres lo han hecho todo muy bien y que en su caso, ellos no han tenido, ni tienen nada que ver con ninguno de sus problemas.

Por diversos motivos, llenos de lógica, la gente parece no querer culpar a sus padres. Al fin y al cabo son sangre de su sangre, hay amor y cariño, se ha convivido con ellos o se sigue conviviendo, con lo que siguen siendo fuente de satisfacción de necesidades primarias. A veces, paradójicamente, son el único “apoyo”. A veces cuesta bajarles del pedestal en el que les hemos colocado…Por último parece que en nuestra sociedad donde el individuo es el punto del que todo parte y sobre el que todo gira, es el responsable absoluto de todo cuanto le acontece.

Pero la tremenda revolución que hubo en el terreno de lo cósmico cuando se descubrió que la tierra no era el centro del sistema solar, debería tenerse presente en cuanto a la concepción del individuo y es que este último tampoco es el centro del que todo parte y en torno al cual, todo gira. El entorno inmediato cuando nace, parece tener un papel preponderante.

…Y entonces ¿todo es culpa de los padres? Pues sí y no.

Primeramente, cambiemos el término “todo”, que en general conlleva ciertos problemas. Digamos que lo básico en el sentido de lo primigenio, es efectivamente culpa suya.

Al bebé se le labran surcos o heridas emocionales en su pequeño cerebro infantil, provocadas por una mala atención o desatención completa de sus necesidades por parte de los padres. Estos surcos, por donde muy seguramente, vayan pisoteando otros, se pueden llegar a convertir en verdaderas autopistas, hasta llegar al derrumbe, a la enfermedad mental, entendida como un padecimiento doloroso y sistemático.

Así que, culpables en cierta medida por las heridas primigenias, porque no han sido capaces de reflexionar sobre su situación personal para cambiarla y han convertido automáticamente a sus hijos en hereditarios de, digamos, una maldición. La maldición del sufrimiento. Y no son culpables en su totalidad, porque ellos vivieron un infierno seguramente muy similar. Son hijos de unos padres que también les criaron de manera muy carencial, y éstos, hijos de sus padres y sus padres de sus padres…y así hasta el infinito y más allá. Todo ello queda muy bien explicado por numerosos autores, pero haré especial hincapié en M. Spark y Boszormenyi-Nagy en su libro «Las lealtades invisibles», en donde reiteradamente hablan de esa especie de «maldición» o repetición de la historia familiar: seguro que alguna vez hemos pensado que qué curioso que algún conocido se haya quedado soltero así como varios miembros de su familia, o que haya tenido un embarazo en la adolescencia, así como su madre, por ejemplo. Estos ejemplos no son necesariamente dolorosos, pero al igual que se puede transmitir la idea de «quedarse soltero», se puede transmitir generacionalmente la idea de «eres un inútil».

¿Durante cuánto tiempo se repetirá la historia?

Primero voy a tratar de matizar algunos mitos: No todos somos iguales ni gozamos de las mismas carencias u oportunidades. No es lo mismo nacer en Addis Abeba que en Lausanne, así como tampoco es lo mismo nacer en una familia principalmente amorosa, respetuosa y cuidadora, que en otra donde solo existe la crítica, el desaliento, la no presencia, la violencia. El maltrato, en suma. El pequeño y la pequeña conviven a edades muy sensibles y durante mucho tiempo con esto. ¿Cómo no van a tener dificultades a nivel interpersonal? ¿Cómo no van a padecer enfermedades?

Un perrito que no se socializa el primer mes de vida con sus semejantes, será un perro con problemas puesto que hay edades cruciales para aprender habilidades. Al igual que los perros que son seres relacionales, las personas necesitamos de los demás y en tanto que una persona conviva con una familia enferma, tendrá problemas, porque habrá aprendido malas habilidades emocionales, que son la base de las habilidades relacionales. Eso y no ser un genio en matemáticas es lo que le salva a uno del sufrimiento sistemático. El que diga lo contrario está negando o minimizando una cuestión de suma importancia.

Cuando John Lennon decía eso de “all you need is love”, daba completamente en la diana. El amor es la fuerza más poderosa en el ser humano y no su inteligencia, ni sus habilidades deportivas, por poner unos ejemplos al azar. Si tiene amor dentro, todo lo que toque el individuo, se convertirá en bienestar, en “oro”. Todo le saldrá bien, porque de todo disfrutará. Su vida será muy rica en el sentido de feliz.

¿Tienes sistemáticamente problemas con la gente? ¿te cuesta mantener relaciones de amistad?, ¿de pareja?, ¿laborales? ¿O en cualquier entorno donde tengas que relacionarte?, es decir, todos. ¿Tienes a menudo ansiedad, insomnio o depresión?, ¿te cuesta mucho ser feliz?

Si tus respuestas son “sí” entonces, te han criado mal. Habrás pasado a engrosar las filas de los llamados “neuróticos”. Dicen que son uno de cada diez, los más pesimistas dicen que un 25%. No importan los números, lo importante es que lo reconozcas, para que lo cambies.

El sufrimiento que padecen las personas cuyas familias han sido o son poco hábiles en la crianza, (neuróticos) es sistemático, porque claro que todo el mundo sufre reveses de vez en cuando. Pero con las necesarias habilidades emocionales, se logra salir de aquéllos y así es como las personas sin grandes heridas emocionales van construyendo su vida, y tienen la suficiente energía sobrante para dedicarse a sus deseos…y el deseo es lo que enriquece nuestro mundo al fin y al cabo.

Para que nos entendamos, qué hace diferente a un neurótico? un neurótico tiene tantas heridas emocionales provocadas por el descuido, que apenas le queda lugar para el deseo, como no sea, el deseo de no ser dañado más, de ahí surge toda una construcción personal, no en base a un motor positivo, sino a la evitación de algo siempre negativo. A veces a los neuróticos no se les entiende bien, parecen raros, “personajes” los llaman algunos y efectivamente ellos y ellas han tenido que crearse un personaje, un personaje a la defensiva para que no les vuelvan a dañar. Así a las complicaciones de la vida corriente, se le añaden las complicaciones personales arraigadas en lo más profundo, ligadas a inseguridades, a un fuerte dolor, al rechazo y probablemente tendrán una mayor sensibilidad a padecer enfermedad física y mental.

En mi cabeza resuenan opiniones escuchadas en algunas personas que afirman que los depresivos lo eligen, que son unos cobardes, que no se quieren enfrentar a las complicaciones de la vida, que es muy dura…  Hay que pararse y pensar como lo harían ellos, para poder entender sus vivencias, es decir qué hay en su sufrimiento.  ¿A quién le gustaría estar todo el día en una cama?, ¿quién preferiría culparse todo el rato? ¿Un depresivo elige tomar un cóctel de pastillas que le dejan, a menudo, embotado, en lugar de enamorarse, salir con los amigos, elegir ropa bonita y cuidarse, viajar, conocer nuevas experiencias, aprender…?

¿Quién elige conscientemente el dolor como modo de vida?

La vida es dura incluso para una persona que tiene amor por sí misma, que ha podido integrar el amor proveniente de su familia (el concepto autoestima encierra una paradoja, si bien es cierto que uno se puede estimar a uno mismo a través de un trabajo personal, parece que la autoestima inicial vendría dada por el tipo de experiencias relacionales que hemos tenido, luego ya no sería auto, sino heteroestima), entonces imaginemos al que no tiene integrado tal amor, porque básicamente no lo ha recibido correctamente nunca.

Es por esto tan importante que todos comprendamos a los demás, para no ponerles zancadillas, igual que no se las pondrías a una persona que va en silla de ruedas o a alguien que ha sufrido un trauma, una guerra, o hambre. Por citar algunos ejemplos de auténticos reveses del destino.

En tu caso, el hecho de ser una persona superviviente no puede tumbarte, no dejes que te arrastre a lo más profundo. Intenta superar el victimismo en el que es tan fácil caer, puesto que, sí, has sido víctima de la suerte, pero trata de dejar de señalar a tus padres por todo, porque eso no cambiará nada.

Has sufrido la carencia emocional, pero tienes otras habilidades. Seguro que eso te permitió hiper desarrollar otras cualidades: la perseverancia, el intelecto, la curiosidad, la resistencia física, el arte, la lectura, que  son cualidades y recursos   muy valorables, sácales partido y ayúdate de ellos para comenzar a cambiar, para comenzar a curarte. Y el cambio sí es posible, créelo.

O por ejemplo, la compasión. Si has logrado esto último, trata de tener compasión ésa que te fue negada de pequeño, úsala contigo. Sé empático e inténtalo una y otra vez, una y otra vez, y una y otra vez, hasta que vayas reparando tus heridas. ¿Cómo? Aquí el camino es algo largo, tendrás que entrar en terapia. Serán tus muletas. Tan sólo un profesional podrá disponer del tiempo y el saber hacer para ayudarte pero no cejes y cuando decaigas, levántate y en cuanto recuperes fuerzas, sigue caminando. Porque como dice el anuncio, un corredor no es el que va más rápido, sino el que corre. Poco a poco  lograrás dejar atrás heridas.

Recuérdate, si esto te ayuda, que eres un superviviente, no de un accidente aéreo, una catástrofe natural o una muerte, de las que según explican los estudios es más fácil salir ileso a nivel emocional. Tú eres un superviviente de una familia enferma, que durante años y décadas no te trató como debiera, te amó mal y por tanto, tampoco te enseñó a amarte.

Muchos psicólogos somos este tipo de supervivientes de familias «malditas» , supervivientes que al mismo tiempo están intentando acompañar a otros en su zozobra. Los psicólogos hemos encauzado nuestras vidas para lograr devenir el potencial que encerramos en nosotros y apoyar a los demás a hacer lo mismo.

¡Confía en ellos! Aunque su método sea raro, aunque sus preguntas lleven a tomar conciencias dolorosas, aunque a veces te cuestionen, aunque no te den consejos, aunque lleve tiempo…confía. Hay mucho estudio detrás, investigación, colaboraciones con otras disciplinas y  un gran avance en esta ciencia. Desde aquéllos primeros momentos en la historia de la enfermedad mental, donde se mandaba a los “locos” y desposeídos en un barco a la deriva, hasta los primitivos hospitales psiquiátricos donde se dejaba alienarse aún más al enfermo, hasta ahora.

Momentos, los actuales, destelleantes de promesas, donde las personas estamos entendiendo que la salud es un completo biológico, psicológico y social inseparable, y no solo ausencia de enfermedad. Tanto la salud mental como la física nacen del entendimiento y del aprendizaje del cuidado.

Tu salud consiste en ir a buscar tus deseos.

¿Hasta el infinito y más allá?

Corta la dinámica de repetición epidémica. Rompe con la historia familiar. Entra en terapia antes de ser padre o madre, te hará ver un montón de cosas de ti mismo que podrías arriesgar a introyectar en tu hijo de manera inconsciente y patológica.

Sé responsable, estudia, infórmate, no le hagas pasar por lo mismo a tu hijo. Él o ella, no se merecen repetir esta dolorosa historia familiar, y además tu hijo no es sólo tuyo, es hijo de la Humanidad, y si hacemos de nuestros hijos seres infelices y maltratados, la Humanidad entera se perjudicará, porque los seres infelices y maltratados, suelen maltratar a los demás a diferentes niveles.

Si no hay trabajo y análisis, el maltrato lleva indisolublemente asociado el maltrato, que a nadie le quepa duda.

¿Quieres que se repita el destino?

 

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