¿Qué cambios puedo esperar cuando llevo un tiempo en terapia?

Carl Rogers (1978) en el capítulo  7  del libro “la Educación y la personalidad del niño”, nos habla de la dirección  que toman los valores de los sujetos que deciden adentrarse en la aventura de un proceso terapéutico. Según este autor, uno de los máximos exponentes de la Psicología centrada en la persona y humanista y con una amplia experiencia clínica, lo que sucedía al cabo de un tiempo con sus clientes era lo siguiente:

Tendían a alejarse de las apariencias. La simulación, la defensividad y el enmascaramiento eran en general valorados negativamente.

Se alejaban de los “debería”. El cliente se alejaba de ser lo que “debería ser”, sin importar quién hubiera establecido el imperativo.

Tendían a apartarse de dar satisfacción a las expectativas de los demás. El complacer a los demás, como objetivo en sí, es objeto de una valoración negativa.

Se otorgaba un valor positivo a ser real. El paciente mostraba tendencia a ser cada vez más él mismo, a ser sus sentimientos reales, a ser lo que es. Esta parece ser una preferencia profunda.

La dirección hacia uno mismo recibe una valoración positiva. El paciente descubre una creciente confianza y orgullo de sí mismo al hacer sus propias elecciones, al conducir su propia vida.

Un valor positivo al sí mismo y a los propios sentimientos. Desde el anterior considerarse a sí mismo con desprecio y desesperación pasan a valorarse y a valorar sus reacciones.

-Valoran positivamente el hecho de ser un proceso. Los pacientes, que antes deseaban objetivos fijos, llegan a preferir la excitación que surge de ser un proceso de potencialidades nacientes.

Se valora positivamente la sensibilidad hacia los demás y su aceptación. El paciente llega a apreciar a los demás por lo que son, del mismo modo en que ha llegado a apreciarse a sí mismo por lo que es.

Los clientes otorgan un valor positivo a las relaciones profundas. El hecho de lograr una relación estrecha, íntima, real, de comunicación plena con otra persona, parece cubrir una necesidad profunda de todo individuo y se le asigna un valor muy alto.

-El paciente llega a dar valor a la apertura hacia toda experiencia interna y externa. Permanecer abierto y sensible a sus propias reacciones y sentimientos internos, a las reacciones y sentimientos de los demás y a las realidades del mundo objetivo, es sin duda, la dirección que se prefiere. Esta apertura se convierte en el recurso que el paciente más valora.

nuria

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